Carnavales de Altiplano

Tanto la música como la danza ocupan en esta región un lugar privilegiado. Cada pueblo prepara, año tras año, el esperado Carnaval; festividad en donde danzas como Huaynos, Takiraris, Ruedas, Cachimbos y Cuecas, dan vida con sus compases a esos desolados lugares.

La mayoría de estos bailes se realizan en forma colectiva. La música es ejecutada por diversos instrumentos destacándose, principalmente, los aerófonos: Quenas, Tarkas, Pinquillo y Zampoña, combinándose en la actualidad con bandas  de Bronce.

Alrededor de una semana, el carnaval reina  con su música, licor y jubilo, alegría que se ve empañada cuando empiezan los sones de la Cacharpalla que indica que la fiesta ha terminado pues cacharpalla en lengua Aymará significa: despedida.

CARNAVAL                                                                                 

Los pequeños poblados altiplánicos, en la Cordillera de Los Andes, se encuentran habitados mayoritariamente por indígenas Aymaras cuyas vivas tradiciones se remontan desde la época del imperio Inca. Una de ellas es el Carnaval que representa una dimensión fundamental de la cultura. “Carnaval” en castellano, “Pukllai” en Quechua, “Anata” en Aymara, es una manifestación de la comunidad, ya sea como súplica a la Pachamama y Janajpacha (madre tierra), como petición por la cosecha, por la limpieza de los canales o el floreo de sus animales.  En él, los habitantes del altiplano captan por una vez la esencia  de su existir.

Los carnavales andinos son una muestra del sincretismo de sus creencias con aquellas impuestas por los conquistadores. Se mezclan ceremonias y conceptos autóctonos en el ámbito carnavalesco y elementos de la cultura foránea, traídas desde Europa.

El carnaval proviene de la Europa de fines del siglo XV, del latín “carnem levare”, refiriéndose a los ayunos y abstinencias de la cuaresma. Pero su carácter festivo proviene de las fiestas y excesos que se permitían para prepararse para la cuaresma.

En términos generales, a la llegada de los españoles, en el mundo cristiano se celebraba la fiesta de carnaval o “carnestolendas” durante los tres días antes del miércoles de ceniza que da inicio a la cuaresma. Dada la costumbre andina de celebrar fiestas periódicas con un intenso contenido ritual (pueden describirse por lo menos 12 fechas de fiestas y/o rituales de importancia en el calendario incaico), no costó que el carnaval se extendiera en el Mundo Andino, conservando muchos elementos paganos como las máscaras y disfraces, la burla o sátira al orden establecido y los excesos. Junto a esto, los Aymaras le aportaron el colorido de sus creencias.

En general el carnaval, que se realiza en febrero,  denominado Anata, tiene mucho de autóctono y muy poco del cristianismo, pero conserva el contexto europeo. Representa las creencias de los andinos a través de una liturgia adoptada.  Es una fiesta a la Pachamama, al hogar, a los espíritus tutelares (mallkus) y a otros personajes que tienen existencia en la cosmovisión animista de los Aymaras. El primer día (lunes) corresponde al jisk’a anata (juego chico), durante el cual los campesinos van a sus chacras a revisar sus cultivos,  lo que representa un rito a la primera cosecha. Cumplido este trámite, se realiza el jach’a anata (juego grande), en donde se realizan los bailes y diversiones del resto del período.

El día siguiente,  se hacen ofrendas a los espíritus que comparten el tiempo y el espacio con los Aymaras y sin los cuales no existiría la dimensión en que éste vive: es el día de la ch’alla. Se anuncia con petardos temprano en la mañana y luego se esparce alcohol en las esquinas de las casas, pues allí es donde bebe el espíritu de la casa y también para dar de beber a la Pachamama y a los espíritus tutelares. También se ch’alla a los instrumentos de trabajo y puestos de venta.

Durante las fiestas, las casas se decoran con cintas de color o serpentinas, mixtura y/o despliegan una bandera blanca para indicar que allí se realiza una fiesta.  Los yatiris (shamanes en términos muy generales) hacen ofrendas a la Pachamama sobre paños ceremoniales (inkuñas) engalanados con lanas multicolores (a menudo reemplazados hoy por serpentinas de papel), dulces, frutas y a veces, mixtura (nuestra challa).  Las muchachas y hombres solteros usaban flores en las orejas y sombreros respectivamente, para demostrar que están disponibles y lanzan pétalos para proponer una conquista.

El carnaval no debe confundirse con las fiestas patronales de cada localidad. En éstas, conservando las profundas raíces de la cosmovisión andina, la liturgia es diferente y, más allá del origen cristiano del santo homenajeado,  se rinde tributo al ancestral mallku, espíritu tutelar del lugar. Como acota Juan Kessel, el andino incorporó con facilidad la liturgia católica pero no la esencia doctrinaria.

Junto a lo anterior, dentro de la festividad, la música en fundamental en  la mayoría de las actividades comunitarias de estos pueblos, puesto que rige la interacción social de los grupos, ordena las actividades productivas y afirma la diferenciación sexual. Los instrumentos musicales son elementos consagrados en lugares concebidos para potenciarlos en su misión de ordenar el mundo a través de sus signos abstractos. De allí que el noble material con que se construyen proviene de la Pachamama: las cañas especiales traídas de Bolivia para la fabricación de las zampoñas, lichiguayos, lacas, el cuero de llamos y la madera de los valles para los tambores.

Durante la fiesta del Carnaval se realiza una ceremonia que es la del Ch’allaku, costumbre de echar Llumpaqa o chicha con la Ch’ua (vaso o tutuma) a los cuatro puntos cardinales como ofrenda a la Pachamama, vinculando esta celebración con el culto a la fertilidad.

 

Otro elemento tradicional en los carnavales andinos es la aparición de los  Carnavalones, personaje elegido por la comunidad que juguetea y hace travesuras en las calles.  Llegan enmascarados, buscando diversión y contagiar el entusiasmo a los concurrentes. los Carnavalones simbolizan al carnaval, la alegría, la fertilidad.  Son graciosos, capaces de mantener la atención durante esta fiesta y que toda la gente participe bailando.  No son payasos.  No son caricaturas.  Es interpretado por dos hombres, pero deben ser suficientemente graciosos, dejando en duda si la bailarina es hombre o mujer.  Al término de la fiesta se despide con la esperanza de volver el próximo.

 

 

HUAYNO

 

El Huayno fue uno de los bailes preferidos de las festividades del imperio Inca. Se cree que también es el más antiguo, porque se conoce como parte de la cultura más antigua Aymara.  El nombre de trote es más actual y está relacionado con su paso trotado. Es la especie dominante en la zona de dispersión de la cultura incaica que abarca desde el norte de Argentina hasta Ecuador. En Chile tiene su centro en la I y II región, preferentemente en pueblos cordilleranos y altiplánicos.
Admite variadas estructuras coreográficas: colectiva, en ronda tomada de las manos, de pareja individual mixta con figuras, de recorrido en dos filas paralelas, circular en parejas tomadas, con pequeños desplazamiento en zig-zag y por último una variante híbrida de pareja mixta con pañuelo y elementos de cueca.
Los instrumentos más usados en Chile para la interpretación de Huaynos son los aerófonos. Entre los de procedencia aborigen, con percusión de bombo y redoblante, pinkillo y una o dos kenas. Esta danza realza las fiestas del ciclo agro pastoril andino, entre ellas como las celebraciones de los Santos Patronos, floreamiento de ganado, en las cuales posee plena vigencia.

El Huayno era tradicionalmente un baile rítmico indígena, sin embargo ha sido adoptado por los mestizos que viven en las tierras altas. Interpretados con instrumentos de cuerda introducidos por los españoles, como el arpa, la guitarra y la mandolina, o con el charango indígena, tienen un tiempo rápido, normalmente de compás binario con dos diferentes frases melódicas de igual longitud que son repetidas de forma constante.

 

La vestimenta utilizada en este baile es muy colorida predominando la ropa de lana de alpaca o vicuña. Las mujeres utilizan faldas, una sobre otras, de terciopelo de colores. Otra parte de la indumentaria  es el “aguayo”, cuadrado de lana que se coloca en la espalda y se afirma de los hombros prendido al pecho con una cuchara de plata. El hombre y la mujer usan sombrero. La música es acompañada por la guitarra, la quena, la zampoña, la caja y el bombo.
CACHARPAYA

La cacharpaya es una danza colectiva, de recorrido, de formación en hilera tomada de la mano. En algunos lugares es danza de pareja mixta, tomada del brazo, manteniendo siempre figuras de caracol, círculos y formas serpenteadas. Pertenece a la familia del género Huayco, de tal manera, que es muy probable que su origen sea precolombino. Se baila preferentemente en valles, precordillera y altiplano del Norte Grande de Chile. La cacharpaya goza de plena vigencia social y es bailada cuando se despide el carnaval.
Su texto tiene forma variable aunque predomina la cuarteta octosilábica con estribillos intercalados:
“Carnaval ya se está yendo
Ay triste mi corazón
Que trabajo estoy pasando
Corazón alegre”.
Similar al Huayno, posee un metro rítmico binario de 2/4, con intercalación de compases de 3/4.  Los instrumentos que tradicionalmente han intervenido en su ejecución son: siku, zampoña o laka; tarkas, lichiguayos, quenas, mandola y bombo. También en algunas ocasiones se acompaña de bronces como trompetas, trombones, bombardinos, además de bombo, caja y acordeón. En algunos casos se interpretan solos de quenas sin propósitos coreográficos. Los bailarines cantan al bailar en estilo responsorial.

 

 

TARQUEADA

 

Como se menciona anteriormente, en los pueblos originarios de los Andes, la fiesta principal del trabajo concluido y la floración de las sementeras de papa, es en la Anata o Carnaval Andino, donde se manifiesta la alegría, diversión y juegos, manifestación de celebración e inicio de la época de la cosecha. Dentro de esta festividad, se baila la Tarqueada, en la cual, el principal instrumento musical es la tarq’a,

 

El día de Carnaval, después de pijchar y ch’allar  con alcohol las casas, los sembradíos y los animales, llegan a una euforia y en forma común en un solo grupo de hombres y mujeres, comienza la fiesta, donde al son de las tarq’as,  participan  todas las comunidades o ayllus.

La música autóctona en los Andes, es el medio de comunicación entre la comunidad y la naturaleza, es un medio de relación más cercana con la chacra, los animales y la familia.  La música de las tarq´as, casi siempre está acompañada de la danza, que simultáneamente ejecutan los mismos músicos y bailan también las mujeres, muchas veces agitando banderas y se canta de vez en cuando acompañando la música instrumental.  Las danzas se derivan de la imitación de un andar y caminar trabajoso.

Dentro de estas festividades existe la costumbre de reciprocidad (Ayni), la cual se manifiesta, en la ayuda mutua entre los participantes.  Las comunidades ofrecen ritos a la Pachamama, donde además, se destaca la reciprocidad permanente entre el hombre y el cosmos (plantas, animales y deidades).  La Tarqueada representa la presencia física y simbólica de las naciones originarias en el carnaval.

 

En cuanto a la música, la tarq’a es un instrumento  que ofrece sus melodías a la naturaleza para pedir clemencia frente a las sequías, los excesos de lluvia o cualquier otro fenómeno climático que afecten a los sembradíos.  La parte superior  de este instrumento, tiene un tarugo que se conoce como boquilla que tiene una abertura a través de la cual se sopla el aire, el mismo que se corta al borde de la ventana o ventanilla, en la parte media inferior,  tiene seis orificios para la digitación de los dedos.

Es con este instrumento que festejan la Anata o la diversión de la promesa de una buena cosecha.  La melodía de los temas interpretados en tarq’a, tiene elementos pentatónicos, la música tiene el compás de dos cuartos y está compuesto por una o dos partes.

 

 

 

 

PALOMA

 

Esta danza, pertenece a la familia de los bailes de tierra.  Se describe su origen en  los Ayllus de San pedro de Atacama, II región de Chile.

Se danza por dos parejas mixtas, las cuales bailan en  cuartos, con uso de pañuelo como accesorios.

El acompañamiento musical original era a través del canto de un solista masculino con acompañamiento de bombo y violín, con rítmica en 6/8.

 

 

HUAYNO ACUECADO

 

El Huayno Acuecado corresponde a una danza de pareja mixta, suelta y tomada, con figuras, utilizando pañuelo como accesorio.   Se danza para la celebración de Carnavales, las fiestas de santos patronos, fiestas comunitarias como Pachallampe, floreamiento de ganado, cosechas, etc.

Esta danza corresponde a una fusión entre Huayno y Cueca, conservando la música del Huayno.  Presenta elementos de la Cueca tales como:  Uso de pañuelo, paso caminado o ligeramente trotado, realización de círculos, luego media lunas, para continuar con una figura de Huayno, seguida de un cambio de frente de los bailarines.  Se repiten las media lunas intercalando figuras.  Finaliza cuando termina el canto con zapateo de los bailarines tomados o sueltos.

 

 

CACHIMBO

El Cachimbo corresponde a una danza Tarapaqueña de pueblos y quebradas. Es un baile de pareja mixta individual con pañuelo. Nace en el pueblo de Tarapacá (I Región) en las primeras décadas del 1800, con el nombre de Baile y Tierra, calificativo que se le otorgó a la familia de las Picarescas y Apicaradas por su estilo. Pobladores tarapaqueños distinguen como más arcaica la denominación de Baile y Tierra, señalando que el Cachimbo fue impuesto en Pica, donde le dan el significado de “persona alta que baila con arrogancia”. Su área de expansión es reducida. Pueblos, valles y quebradas al interior de Iquique. Sobrevive en fiestas de los Santo Patronos, carnavales y esporádicamente en fiestas familiares. El estilo de esta danza está definido por sus cultores que enseñaron a Margot Loyola que “bailaban en el aire… parecía que volaban…aire al cuerpo, con vaivén… el paso es arrastradito… nada de saltos… los pies apegaditos al suelo… paso menudito, parejito… parecía que se deslizaban sobre patines… danza de alfombra… fina lenta, cadenciosa… muy española…”.

El acompañamiento instrumental incluye la zampoña, piano, guitarra, violín, mandolina y banjo en múltiples agrupaciones, según la ocasión en que se baile. Actualmente predominan bandas de aerófonos: trompetas, flautas, tubas, saxos y otros con percusión de bombo, caja y platillos. Su estructura general la conforman tres secciones, con diseño de piso complejos y variados. En su primera sección se observan tres evoluciones (con variantes) cuyas denominaciones regionales son: Saludo, Encuentro, Hecha y Deshecha, que no tienen un orden establecido ni tampoco un número exacto de repeticiones, determinando esto último por la amplitud de cada evolución. La segunda sección está estructurada generalmente con cuatro desplazamientos, un encuentro que se realiza primero por la derecha y luego por la izquierda, sucediéndole una hecha a veces seguida de una deshecha. La tercera sección, una simulación de toreo, sobre la base de círculos, cambios de frente, giros, contragiros, movimientos de traslación y rotación, es de extensión indeterminada. Es aquí donde la danza alcanza su mayor intensidad expresiva, un duelo danzado. Los pasos son bajos caminados, deslizados o valseados, estando ausente zapateos y saltos.

            Jean Franco Daponte (2010) propone que el Cachimbo fundamenta sus orígenes en el pasado colonial, con el arribo de compañías teatrales a las ciudades más importantes del virreinato, su popularización y mezcla con los bailes existentes en la región y las manifestaciones que pudieran haberse filtrado desde las barracas de los esclavos.  De acuerdo a esto,  este baile se crea y se recrea en el ámbito, tanto de los salones aristocráticos como en los espacios de la gente común, condicionada siempre por el desarrollo económico que alcanza la zona con la explotación minera y actividades adyacentes.  La danza conocida como Baile Tierra se estiliza y es adoptada por “zambos, mulatos, cholos y negros libres” supliendo los movimientos de cadera y el choque pélvico, propio de las culturas africanas, por el pañuelo.  A partir de la segunda mitad del siglo XIX esta danza se denominará Cachimbo.

Al respecto Daponte,  especula que el origen del nombre se debería a que está relacionado con los descendientes de los pueblos de Cacimba en Angola.  La estilización de la danza sigue, durante el siglo XIX, suprimiendo lo más posible, los vestigios de africanía, o reemplazándolos por elementos de evocación simbólica. “Por ejemplo, al comparar los giros que realiza el hombre alrededor de la mujer en señal de cortejo en las danzas africanas, el cachimbo las reproduce, claro que más refinadamente en la llamada “hecha y la deshecha” de la primera parte de la danza. El choque pélvico, clímax de las danzas africanas es representado en un elegante y arrogante saludo y o encuentro en la segunda parte.

 

TAKIRARI

El takirari (“taki”: raíz Aymara que significaría baile), es una de las danzas más nuevas del repertorio folklórico andino. Si bien las fuentes documentales no son abundantes, las menciones de investigadores argentinos y los datos provenientes de Bolivia permiten hacer un seguimiento de la historia y dispersión de este fenómeno.

El Takirari es originario del oriente boliviano, zona selvática que comprende las provincias de Santa Cruz de la Sierra y de Beni. En un principio se lo conoció como una forma musical, con fuertes influencias del Brasil. Algunos autores señalan que su difusión hacia el altiplano se debió a las guerras sostenidas por el caucho con Brasil (1903) y a la guerra del Chaco con el Paraguay (1932-35), en las cuales participaron soldados provenientes de aquella región. Juan de los Santos Amores (1994) cita a Atahualpa Yupanqui quien dice que estando en el oriente boliviano rastrea la existencia del Takirari hasta dos siglos de antigüedad. Si bien el dato no es fehaciente, lo cierto es que hacia 1930 el Takirari es una de las danzas más populares en el altiplano boliviano y ya posee coreografía; Paredes Candia (1966) habla del Takirari como una de las danzas más representativas del folklore boliviano.

En lo que respecta a su coreografía, el Takirari toma sus figuras del Huayno .Corresponde a un  baile de pareja, que se relaciona con otras en algunos tramos de la danza.

La música de Takirari está compuesta en 8/8 sobre la base del grupeto ; pero al acento corresponde a un tiempo débil y por lo tanto es sincopado. Los instrumentos con que se interpreta en la zona altiplánica son tanto los autóctonos (quena, charango, sikus, etc.) como los que se han incorporado sucesivamente (guitarra, acordeón, etc.).

ver Archivo completo PDF

CARNAVAL

Hamaycan, en su montaje representa algunos bailes como: Huayno, Pasacalle, Paloma, Tarkeada, Cachimbo, Rueda, Takirari, Cueca y Cacharpalla

 

Untitled drawing (55)